Mitología Wayúu (14): Los sueños o Laapüt

 jintulu-wayuu-20-638.jpg

Los sueños son un mundo desconocido y mágico muy respetado por la familia Wayúu, se cree, que por medio de los sueños, los espíritus de algunos familiares fallecidos se comunican con los Wayúu para prevenirlos o alertarlos de un posible acontecimiento que va a ocurrir en la familia o en la comunidad.

Los sueños se cuentan al momento de tenerlos o muy temprano para que no pierda efectividad: El que tuvo el sueño se lo cuenta a la familia, luego a un conocedor de sueños (suelen ser ancianos o la abuela) quien basándose en sus experiencias y conocimientos procede al interpretar el significado del sueño, posteriormente se reúne con la familia para explicar en qué consistió el mensaje, para cumplir o satisfacer así la inquietud.

Sigue leyendo

Anuncios

Mitología Wayúu (13): Origen del tejido Wayúu

wayuu022_3.jpg
Cuenta la tradición Wayúu, que en un sitio no identificado de la península, un joven cazador se encontró con una niña huérfana, abandonada a su suerte. El cazador condolido se la llevó a su casa entregándola a sus hermanas, con el fin de atenderla Y enseñarle los oficios femeninos. Las tres hermanas del joven desde un primer momento rechazaron a la niña lo cual hizo que él mismo se encargara de sus cuidados y socializaciones. Cuando Irunuu (así se llamaba el joven) salía, la niña era insultada y tratada despóticamente.

Sigue leyendo

Mitología Wayúu (12): Jepira, un lugar que encarna la vida, la muerte y el sueño del wayúu

Para algunos informantes el pioi es una alegoría de Jepira, un lugar a donde van los yoluja (espíritus de los enfermos o de los muertos). Bajo esta concepción, el pioi es un lugar que encarna la vida, pero también la muerte y el sueño del wayuu. Cuando un guajiro se enferma, su alma está prisionera, allí donde se encuentra el sueño. He ahí entonces que el espíritu del chamán puede encontrarla y devolvérsela al enfermo, si está escondida, si ella ha entrado en algún lugar, el guajiro muere. Su alma ha atravesado el camino de los indios muertos….

Sigue leyendo

Dagon

07-Dagon02.png

~ Dagon ~

Sin embargo, fueron los relieves pictóricos, lo que más me fascinó. Bien visibles a través de la masa de agua intermedia debido a su enorme tamaño, había un conjunto de bajorrelieves cuya temática habría despertado la envidia de Doré; creo que se suponía que aquellos seres representaban hombres… o, al menos, cierto tipo de hombres; aunque se los mostraba retozando como peces en las aguas de una gruta submarina, o rindiendo homenaje a cierto altar monolítico que también parecía estar bajo las olas. No me atrevo a hablar en detalle de sus rostros y formas, pues el mero recuerdo me provoca mareos. Grotescos más allá de la imaginación de Poe o Bulwer, resultaban en términos generales condenadamente humanos a pesar de las manos y pies palmeados, los labios terriblemente gruesos y blandos, los ojos saltones y vidriosos, y otros rasgos aún menos agradables de recordar. Curiosamente parecían haber sido cincelados sin guardar proporción, con el entorno oceánico; y así, una de las criaturas mostrada en el acto de matar a una ballena era representada apenas algo mayor que ella. Gomo digo, tomé nota de su aspecto grotesco y del extraño tamaño; pero no tardé ni un instante en decidir que no eran más que los dioses imaginarios de alguna tribu primitiva dedicada a la pesca o la vida marítima, alguna tribu cuyo último descendiente había muerto antes de que nacieran los primeros antepasados de los hombres de Piltdown o de Neanderthal. Espantado ante ese atisbo inesperado de un pasado que estaba más allá de la imaginación del más audaz antropólogo, me quedé meditando mientras la luna proyectaba extraños reflejos sobre el silencioso canal que tenía a mis pies.

Entonces, de pronto, lo vi. Con apenas un leve chapoteo que indicaba su llegada a la superficie, el ser se hizo visible sobre las aguas oscuras. Gigantesco y espantoso como Polifemo, se precipitó como un tremebundo monstruo de pesadilla hacia el monolito, que rodeó con sus descomunales brazos escamosos, mientras abatía la horrenda cabeza para emitir un sonido pausado. Creo que en ese momento enloquecí.

Sobre mi ascenso frenético de la pendiente y el acantilado, y mi regreso delirante al bote encallado, es poco lo que recuerdo. Creo que canté a voz en cuello, y que reí de un modo extraño cuando ya no pude cantar. Tengo recuerdos confusos acerca de una gran tormenta que estalló poco después de llegar al bote; en todo caso, sé que oí el retumbar de los truenos y de otros sonidos que la Naturaleza sólo emite en sus estados de ánimo más salvajes.

___________________________

Dagon

1937

Sigue leyendo

Gugos

06-Gugos02.png

~ Gugos ~

Comenzó entonces un ascenso interminable en la oscuridad más compacta: era casi imposible subir debido al tamaño monstruoso de los escalones, que habían sido tallados por los gugos, y por lo tanto medían más o menos un metro de altura. En cuanto a su número, Carter no pudo hacerse una idea aproximada, porque no tardó en sentirse tan cansado que los gules, incansables y elásticos, se vieron obligados a ayudarlo. A lo largo del ascenso sin fin acechaba el peligro de ser descubierto y perseguido.

Los oídos de los gugos son tan agudos que los pies descalzos y las manos desnudas de quienes trepaban podían oírse con facilidad al despertar la ciudad, y desde luego los gigantes de grandes zancadas, acostumbrados a ver sin luz gracias a sus cacerías de espectrales en las bóvedas de Zin, no tardarían en dar alcance a aquella presa menor y más lenta sobre los escalones ciclópeos. Era muy deprimente pensar que los silenciosos gugos no serían oídos en absoluto en plena persecución, sino que caerían de pronto y aterradoramente en la oscuridad sobre quienes trepaban.

___________________________

En busca de la ciudad del sol poniente

1926-1927

Sigue leyendo

Gules

05-Gules02.png

~ Gules ~

La demencia y la monstruosidad habitaban las figuras del primer plano, ya que en el arte mórbido de Pick-man predominaba el retrato demoníaco. Aquellas figuras rara vez eran del todo humanas, aunque a menudo se acercaban a lo humano en distinto grado. La mayoría de los cuerpos, aunque eran más o menos bípedos, tenían cierta inclinación hacia delante, y un aire vagamente canino. La textura de la mayoría era gomosa al tacto. ¡Uf, casi puedo verlos!… Sus ocupaciones… Bueno, no me pidan que sea demasiado preciso. Por lo común estaban alimentándose, no diré de qué. A veces se los mostraba agrupados en cementerios o pasadizos subterráneos, y a menudo parecían pelear por su presa, o más bien, por el tesoro descubierto. ¡Y qué condenada expresividad le daba a veces Pickman a los rostros ciegos de ese botín de osario! De vez en cuando mostraba a aquellos seres saltando en la noche a través de ventanas abiertas, o agachados sobre el pecho de algún durmiente, concentrados en sus gargantas. Una tela mostraba a un grupo aullando alrededor de una bruja ahorcada en Gallows Hill, cuyo rostro muerto se parecía mucho al de ellos mismos.

Pero no creas que fue todo este asunto horroroso del tema y el entorno lo que me hizo perder el sentido. No soy un niño de tres años, y ya había visto cosas semejantes. ¡Eran los rostros, Eliot, aquellos rostros malditos que miraban lascivos y babeaban como salidos de la tela, como si tuvieran el hálito de la vida misma! Aquel brujo había caminado entre los fuegos del infierno con sus pigmentos, y su pincel había sido una varita engendradora de pesadillas. ¡Alcánzame la garrafa, Eliot!

Había algo llamado «La lección». ¡Que el cielo se apiade de mí por haber llegado a verlo! Escucha… ¿puedes imaginar un círculo de indescriptibles seres de aspecto canino en una iglesia, enseñándole a un niño a alimentarse igual que ellos? Es el precio que tienen que pagar los niños cambiados al nacer, supongo: ya conoces el antiguo mito acerca de cómo la gente extraña deja a sus crías en las cunas a cambio de los bebés humanos que roban. Pickman estaba mostrando lo que les ocurre a esos bebés robados, cómo crecen… y entonces empecé a ver una afinidad espantosa entre los rostros humanos y los no humanos. En toda su gradación de morbidez entre lo francamente no humano y lo degradadamente humano, Pickman estaba estableciendo un sardónico vínculo evolutivo. ¡Los seres caninos provenían de los mortales!

___________________________

El modelo de Pickman

1926

Sigue leyendo

Tsathoggua

04-Tsahoggua02.png

~ Tsathoggua ~

Hay ciudades poderosas en Yuggoth: grandes hileras de torres con terrazas de piedra negra como la muestra que traté de enviarle. Provenía de Yuggoth. Allí el sol no brilla más que una estrella, pero los seres no necesitan luz. Tienen otros sentidos más sutiles, y no ponen ventanas en sus grandes casas y templos. La luz incluso los daña, los molesta y los confunde, pero no existe en absoluto en el cosmos negro fuera del tiempo y el espacio del que son originarios. Visitar Yuggoth volvería loco a cualquier hombre débil; sin embargo, me dirijo allí. Los ríos negros de brea que fluyen sobre aquellos misteriosos puentes ciclópeos —construidos por alguna raza anterior ya extinta y olvidada antes de que los seres actuales llegaran a Yuggoth desde los vacíos finales— tendrían que bastar para hacer de cualquier hombre un Dante o un Poe sólo con que pudiera mantenerse cuerdo el tiempo suficiente para contar lo que ha visto.

Pero recuerde: ese mundo oscuro de jardines fungiformes y ciudades sin ventanas no es realmente terrible. Sólo a nosotros nos lo parecería. Probablemente este mundo les pareciera igual de terrible a esos seres cuando lo exploraron por primera vez en la época primigenia. Como usted sabe, estaban aquí mucho antes de que terminara la fabulosa época de Cthulhu, y lo recuerdan todo sobre la sumergida R’lyeh cuando estaba encima de las aguas. También han estado dentro de la tierra; hay aberturas que los hombres ignoran por completo, algunas en las propias colinas de Vermont. Y hay mundos enteros de vida desconocida allá abajo: el azulado K’n-yan, el rojizo Yoth, y el negro N’kai, carente de luz. Es de N’kai de donde proviene el terrible Tsathoggua; usted lo recuerda: la criatura-dios amorfa, parecida a un batracio, mencionada en los Manuscritos Pnakóticos, el Necronomicón y el ciclo mítico de Commoriom preservado por el sumo sacerdote de los atlantes Klarkash-Ton.

___________________________

El que susurra en la oscuridad

1930

Sigue leyendo